LAURA LEGAZCUE DANZA
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Thursday, April 11, 2013
POR QUE SOY JUDIO
¿Porque soy judío?
¿Que significa ser un judío hoy, en abril de 2013?
Ser un judío hoy no es una tarea para nada fácil pues no es producto de haberlo estudiado en alguna universidad cara y prestigiosa ni de haber leído algún promocionado y erudito manual de procedimientos tampoco es producto de haber adherido a alguna moda extravagante traída de París o a alguna extraña filosofía importada de algún país remoto y exótico.
¿Qué es ser un judío? Es algo que se lleva dentro pero, ¿Es formar parte de una raza?, ¿Es tener una nacionalidad determinada?, ¿Es una religión?
Si fuera una raza no tendría sentido la conversión, no existirían judíos negros, morenos, amarillos y blancos. Entonces no es una raza.
Si fuera una nacionalidad, alguien que nació fuera de Israel o que posee otra ciudadanía no es judío pero todos conocemos judíos franceses, judíos canadienses, judíos rusos, judíos argentinos, judíos uruguayos. Entonces no es una nacionalidad.
Si fuera sólo una religión, los judíos no religiosos no serían judíos y esto no es así. Entonces no es sólo una religión.
¿Entonces qué es ser un judío?
Creo que ser un judío hoy, es una opción de vida, es ser un irremediable rebelde que nada eternamente contra la corriente del conformismo, de la mediocridad, de la corrupción y de la maldad de los hombres.
Es oponerse activamente a las injusticias que percibimos en nuestra rutina cotidiana, es trabajar incansablemente desde nuestras imperfecciones y debilidades para ser una luz entre las naciones, es atreverse desde nuestros humildes lugares a hacer de este mundo un lugar realmente digno de ser vivido.
Comencé a tener plena conciencia de mi judaísmo cuando desde mi más temprana y tierna infancia escuchaba de mis queridos abuelos hablarme en yidish para halagarme con un dulce "a scheine inguele" (un lindo muchachito).
Hoy me siento orgullo de ser un judío, de pertenecer al ancestral pueblo judío y de ser por mi propia elección parte de ese pueblo judío.
Opino como Jean-Paul Sartre que el judío auténtico se auto elije a sí mismo judío y no se identifica en la caricatura grotesca que el antisemita pretende mostrarle ya que no se avergüenza ni tiene motivo alguno para avergonzarse de su propia esencia.
Soy judío porque nací en un hogar judío mientras un tango de aquellos me acunaba con "adiós muchachos" y "yira yira" cuando mi padre cada noche escuchaba a Marianito Mores y a Julio Sosa en aquella vieja radio gris.
Crecí en un hogar donde se encontraban las melodías del arrabal y "la comparsita" con el "a visale mazl" y el dulce idish que brotaban de las bocas de mis queridos abuelos rusos ashkenazis.
Compartí una mesa donde se amalgamaban el vino tinto con los vareniques, el mate amargo con el leicaj de miel y además el tierno churrasquito con los knishes mágicos de mi idishe mame.
Aprendí de mis mayores que en la vida hay que ser un hombre derecho y valiente, que hay que ponerle el pecho a la vida pero también hay que estudiar una carrera, aprender un oficio y ser un idishe mench.
Jugué al "fulbo" en un potrero, a la "payanca" en la vereda y al dreidl en el shule. Leí "Billiken", "Corto Maltes" y "Rico Tipo" junto a las Historias de mi Pueblo y "El Estado Judío" de Teodoro Herzl.
Festejé con sidra y pan dulce el Año Nuevo, con asado y empanadas los 25 de Mayo pero en Rosh Hashana era manzana y miel y en Pesaj el vishnik de mi bobe Sara y su exquisito guefilte fish.
Me emocionaba la marchita de San Lorenzo los 9 de julio y el HaTikva me hacia lagrimear en los Iom Hatzmaut y se me confundían los alegres Purim con ese loco y fascinante Carnaval.
Me despertaba mucha pasión mi equipo de Boca Juniors, la cupe Ford de Juancito Gálvez y la voz de oro del morocho Gardel pero también los jalutzim de lejanos kibutzim y el glorioso ejercito de defensa de Eretz Israel.
Se mezclaban en mi fantasía las imágenes de los gauchos del Martín Fierro, los malevos del noveciento y los rebes, cuenteniks y linyeras de las historias encantadas de la lejana Rusia que me contaba mi abuelo José.
Me decía mi inolvidable abuela Sara: "puedes estudiar, trabajar, viajar, amar, vivir y soñar, puedes hacer todo lo que desees y lo que sientas pero al final deberás ser una persona, un ser humano íntegro y derecho".
Pero realmente: ¿Qué llegué a ser? ¿Quién soy?
A veces soy como ese pueblo errante que ha sido obligado a dispersarse, a vagar interminablemente por todos los confines del orbe, rechazado y humillado, sin derechos a retornar a su mundo.
Algunas veces me siento como Teseo, quien en su desafío de vencer al Minotauro y salir ileso del peligro solo contaba con la ayuda del ovillo de hilo de su amada Ariadna para hallar el camino de salida del sombrío Laberinto.
Otras veces soy como Ajashverus, el eterno judío errante, que solo desea poder descansar algún día en su Tierra Prometida tan distante.
Otras como el legendario patriarca Jacob, a quien sus hijos llevaron de muy anciano a Egipto para después retornar con el próximo éxodo a su amada Tierra.
Pero también soy un sueño, soy un azar, soy un destino, cuando no se hacía adonde ir y me encuentro perdido, temo no poder encontrar mi verdadero camino.
Hoy ya sé quién soy y el saberlo me hace sentir feliz y orgulloso, soy lo que siempre pretendí ser e indudablemente fui capaz de lograr.
Ser como tu, como el y como todos.
Ser simplemente un ser humano.
Dr. Guido Maisuls
Buenos Aires, Argentina.
Si no soy yo ¿quién?, si no es ahora ¿cuando? si es solo para mí, ¿de que sirve?
(Hillel)
--
Publicado por Guido Maisuls para " Cartas desde Israel " el 4/11/2013 01:54:00 p.m.
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Thursday, March 28, 2013
"Identidades" Un espacio para el debate, la reflexión y el cambio ¿Que necesita la comunidad judía de Buenos Aires? Dr. Guido Maisuls Escritor y Ensayista Buenos Aires siempre fue una ciudad muy generosa y aun hoy continúa cobijando sin especulaciones a hombres y mujeres de buena voluntad, en la búsqueda de un futuro promisorio que nutren estas abigarradas muchedumbres que irrumpen cotidianamente desde el alba hasta el atardecer, en la búsqueda del sustento de cada día y de los preciados sueños acunados desde sus tierras de origen. Nuestra comunidad judía en la ciudad de Buenos Aires es la más grande de América Latina y una de las más importantes del mundo exceptuando a Israel. En el año 2006 se estimaba una población, según un informe el JOINT (Jewish Joint Distribution Committee), de 233.000 judíos en Buenos Aires y zonas de influencia. Una comunidad que estando completamente integrada a la sociedad argentina con respecto a su identidad nacional, a sus valores culturales y a sus actividades socioeconómicas conservan aun y de diversas maneras sus lazos ancestrales con el pueblo judío y el Estado de Israel. La diversidad es, sin duda alguna, la característica más peculiar de este grupo humano en el que se conjuga una verdadera sinfonía de heterogeneidad imaginable y donde cualquier análisis rígido o esquemático termina irremediablemente en la irremediable ruptura de todos los estereotipos imaginables. Las permanencia de los judíos en Buenos Aires se remonta al año 1619 cuando llegaron a Buenos Aires ocho navíos con inmigrantes criptojudíos de Lisboa y Lima y luego con las sucesivas olas migratorias de diferentes orígenes trajo como consecuencia que hoy y en esta ciudad aparezcamos los integrantes de esta comunidad con diferentes apariencias, con costumbres multifacéticas e incluso con aspectos muy difícil de identificarnos como tales, por esto hoy el judaísmo porteño es multiétnico y heterogéneo aunque tengamos un origen y valores éticos y culturales en común. Esta comunidad como toda la población en general atraviesa el presente sumergida en situaciones de gran complejidad política, ideológica y crisis de valores de origen nacional e internacional donde deben resolver satisfactoriamente la permanencia de sus valores ancestrales con la necesidad de adaptarse y convivir en la diversidad sin desprenderse de los primeros. La diversidad exige convivir con el pluralismo, con el pensamiento democrático que asegura la existencia de diferentes posiciones y pensamientos ideológicos, con la participación de los diversos grupos sociales en la vida democrática y con la coexistencia con los diferentes puntos de vista sobre este tiempo histórico y su realidad social. Vivir en la diversidad le exige a la comunidad judía adaptarse a la heterogeneidad tanto interna como en el seno de la sociedad en la que esta inmersa y por esto debe promover el pluralismo y no pretender recorrer el camino del pensamiento único y esto solo se genera desde la participación, el diálogo, el debate y el respeto al diferente. La comunidad judía de Buenos Aires no debe desprenderse de su fe ancestral, ni de sus valores originarios, ni de sus irrenunciables vínculos con el Estado de Israel para realizarse plenamente como judíos pero a su vez necesita perseverar en ser plenos ciudadanos argentinos y asumir activamente todos los desafíos que nos demande esta sociedad argentina. La comunidad judía de Buenos Aires debe mantenerse unida porque la unidad es la síntesis del pensamiento democrático que respeta la existencia de diferentes posiciones y pensamientos. Mantenerse unida teniendo en cuenta que la unidad no pretende representar a un solo pensamiento ya que se genera desde la participación, el diálogo y el debate. Mantenerse unida porque la unidad es la participación dentro de la comunidad de los diversos sectores con diferentes puntos de vista sobre su tiempo histórico y su realidad comunitaria en la búsqueda de un futuro en común. Dr. Guido Maisuls Buenos Aires, Argentina. Si no soy yo ¿quién?, si no es ahora ¿cuando? si es solo para mí, ¿de que sirve? (Hillel) Leer y opinar en: http://amishermanosdelmundo.blogspot.com http://www.facebook.com/identidades.10 guidomaisuls@gmail.com Buenos Aires, Argentina -- Publicado por Guido Maisuls para "Identidades" el 3/28/2013 08:11:00 a.m.
"Identidades"
Un espacio para el debate, la reflexión y el cambio
¿Que necesita la comunidad judía de Buenos Aires?
Dr. Guido Maisuls
Escritor y Ensayista
Buenos Aires siempre fue una ciudad muy generosa y aun hoy continúa cobijando sin especulaciones a hombres y mujeres de buena voluntad, en la búsqueda de un futuro promisorio que nutren estas abigarradas muchedumbres que irrumpen cotidianamente desde el alba hasta el atardecer, en la búsqueda del sustento de cada día y de los preciados sueños acunados desde sus tierras de origen.
Nuestra comunidad judía en la ciudad de Buenos Aires es la más grande de América Latina y una de las más importantes del mundo exceptuando a Israel. En el año 2006 se estimaba una población, según un informe el JOINT (Jewish Joint Distribution Committee), de 233.000 judíos en Buenos Aires y zonas de influencia.
Una comunidad que estando completamente integrada a la sociedad argentina con respecto a su identidad nacional, a sus valores culturales y a sus actividades socioeconómicas conservan aun y de diversas maneras sus lazos ancestrales con el pueblo judío y el Estado de Israel.
La diversidad es, sin duda alguna, la característica más peculiar de este grupo humano en el que se conjuga una verdadera sinfonía de heterogeneidad imaginable y donde cualquier análisis rígido o esquemático termina irremediablemente en la irremediable ruptura de todos los estereotipos imaginables.
Las permanencia de los judíos en Buenos Aires se remonta al año 1619 cuando llegaron a Buenos Aires ocho navíos con inmigrantes criptojudíos de Lisboa y Lima y luego con las sucesivas olas migratorias de diferentes orígenes trajo como consecuencia que hoy y en esta ciudad aparezcamos los integrantes de esta comunidad con diferentes apariencias, con costumbres multifacéticas e incluso con aspectos muy difícil de identificarnos como tales, por esto hoy el judaísmo porteño es multiétnico y heterogéneo aunque tengamos un origen y valores éticos y culturales en común.
Esta comunidad como toda la población en general atraviesa el presente sumergida en situaciones de gran complejidad política, ideológica y crisis de valores de origen nacional e internacional donde deben resolver satisfactoriamente la permanencia de sus valores ancestrales con la necesidad de adaptarse y convivir en la diversidad sin desprenderse de los primeros.
La diversidad exige convivir con el pluralismo, con el pensamiento democrático que asegura la existencia de diferentes posiciones y pensamientos ideológicos, con la participación de los diversos grupos sociales en la vida democrática y con la coexistencia con los diferentes puntos de vista sobre este tiempo histórico y su realidad social.
Vivir en la diversidad le exige a la comunidad judía adaptarse a la heterogeneidad tanto interna como en el seno de la sociedad en la que esta inmersa y por esto debe promover el pluralismo y no pretender recorrer el camino del pensamiento único y esto solo se genera desde la participación, el diálogo, el debate y el respeto al diferente.
La comunidad judía de Buenos Aires no debe desprenderse de su fe ancestral, ni de sus valores originarios, ni de sus irrenunciables vínculos con el Estado de Israel para realizarse plenamente como judíos pero a su vez necesita perseverar en ser plenos ciudadanos argentinos y asumir activamente todos los desafíos que nos demande esta sociedad argentina.
La comunidad judía de Buenos Aires debe mantenerse unida porque la unidad es la síntesis del pensamiento democrático que respeta la existencia de diferentes posiciones y pensamientos.
Mantenerse unida teniendo en cuenta que la unidad no pretende representar a un solo pensamiento ya que se genera desde la participación, el diálogo y el debate.
Mantenerse unida porque la unidad es la participación dentro de la comunidad de los diversos sectores con diferentes puntos de vista sobre su tiempo histórico y su realidad comunitaria en la búsqueda de un futuro en común.
Dr. Guido Maisuls
Buenos Aires, Argentina.
Si no soy yo ¿quién?, si no es ahora ¿cuando? si es solo para mí, ¿de que sirve?
(Hillel)
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Publicado por Guido Maisuls para "Identidades" el 3/28/2013 08:11:00 a.m.
Saturday, April 07, 2012
LOS JUDIOS QUE CREEN QUE JESUS ES EL MESIAS
Los judíos que creen que Jesús sí es el Mesías
Julio García
BBC Mundo
Sábado, 7 de abril de 2012
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La Menorah con la estrella de David y el Crucifijo, símbolos de dos religiones con el mismo origen.
La división entre judíos y cristianos ocurrió después de la muerte de Jesús, cuando los israelitas habitaban la provincia romana de Judea y los seguidores del cristianismo se esparcieron.
Pero Jesús fue judío toda su vida. Y muy devoto: iba siempre a la sinagoga, donde relataba sus parábolas y salía al paso de los desafíos que le presentaban los fariseos.
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Los judíos mesiánicos -una secta poco conocida del judaísmo- aceptan a Jesús como el Mesías -el enviado o ungido de Dios- pero a diferencia de los cristianos, consideran que nunca vino a fundar una nueva religión.
Para arrojar luz sobre esta fe, BBC Mundo entrevistó al rabino Yosef Harvey Koelner, de la sinagoga Beth Avinu, en Florida, Estados Unidos.
Aunque su rito es muy parecido al tradicional, con lecturas y cánticos de la Biblia hebrea, la diferencia fudamental es que "los ortodoxos todavía están esperando al Mesías y no creen que Y'shua -como se llama a Jesús en hebreo- es el Mesías", explica.
"Creen que adorar a Y'shua como el Mesías es idolatría, porque su doctrina dice que un hombre no puede ser igual a Dios".
Los judíos de la época de Jesús no creyeron en él porque no vieron cumplirse las profecías: esperaban un rey que los liberara del yugo romano. Para ellos es sólo un personaje histórico, ni siquiera un profeta.
¿Por qué judíos mesiánicos y no cristianos?
El rabino también se refirió a la razón por la cual no se consideran cristianos, como todas las denominaciones del planeta que siguen a Jesús.
"Al principio todos los creyentes eran judíos o gente que asistía a la sinagoga", dice Koelner. "El contexto del Nuevo Pacto (el Nuevo Testamento) es judío".
Detrás del altar de la sinagoga está la Torá y el Pentateuco, los cinco libros de Moisés.
Se sabe que Pablo -que no conoció a Jesús en vida sino en una visión cuando perseguía a los cristianos- fue quien predicó el Evangelio a los gentiles, es decir, los no judíos.
"Durante el primer siglo (después de Cristo) había mucho interés en el judaísmo en el mundo romano y muchos en las sinagogas estudiaban las escrituras hebreas", señala.
"No creemos en la transubstanciación como los católicos, es sólo un símbolo. El pan matzo -tradicional en la comida judía- es un símbolo del cuerpo de Y'shua (Jesús), que se puede romper "
Rabino Yosef Harvey Koelner
Fue entonces que la creencia en Jesús se empezó a acomodar a las circunstancias. El emperador Constantino, convertido al cristianismo, cambió el día de fiesta semanal "porque en el mundo romano había muchos paganos que adoraban a su dios el domingo, día del sol".
En esos tiempos, había disminuido el número de judíos creyentes y se impusieron reglas "para subyugar a los paganos" y convertirlos al cristianismo.
"Como judíos mesiánicos es nuestro deseo mantener nuestra cultura, costumbres y creencias, y celebrar el Shabbat (el sábado, el día sagrado), porque Y'shua dijo que vino a los corderos de la casa de Israel", explica el rabino.
Agrega que lo que ocurrió cuando se creó el cristianismo en Roma es comparable con el sincretismo religioso que se dio en América Latina con la llegada de los europeos, en el cual santos y vírgenes tienen su equivalente en creencias indígenas o cultos africanos.
"Cuando yo era estudiante en México, había una iglesia católica sobre una colina, pero descubrieron que fue edificada sobre un templo azteca. Fue para subyugar a los indios, que continuaron adorando a su dios en el mismo lugar pero cambiando la forma de su templo. Casi en todos los países de Centro y Sudamérica hay una virgen, porque los dioses de los aztecas, mayas e incas los reemplazaban".
Rechazo de judíos tradicionales
El judaísmo mesiánico no es reconocido por el tradicional. La relación entre ellos es "de odio", afirma con tristeza Koelner.
Uno de sus feligreses, Richard, agrega: "No sólo no existe una relación, sino que hay mucha división: los ultraortodoxos no aceptan al resto de los judíos, que consideran ciudadanos de segunda clase".
Koelner, que nació en Chicago, también vivió en Israel, país que considera su patria. Pero uno de los problemas de los judíos mesiánicos es que en Israel no hay división entre Estado e Iglesia.
Al igual que todos los judíos, los mesiánicos lloran el Holocausto.
"Todavía tenemos un caso en el Departamento del Interior en nuestra ciudad, porque según la ley rabínica soy judío, pero según la ley de inmigración no, porque cambié de religión y no tengo derecho a vivir en Israel automáticamente".
"Es difícil, porque mi corazón está allá, es mi tierra. En EE.UU. me siento como pez fuera del agua. Estoy esperando desde 2008. ¿Por qué? Porque creo en Y'shua. Me duele mucho", añade.
Koelner nació y creció como judío ortodoxo. A los 19 años tuvo una experiencia espiritual que terminó haciéndolo creyente de Jesús y que años después lo llevó a formar parte del judaísmo mesiánico.
Esta fe como tal surgió en el siglo XIX en Londres como un movimiento judío-cristiano y paralelamente en Hungría, mientras que en 1915 se organizó en EE.UU. y en 1925 a nivel internacional. Para la década de 1960 se renovó en este último país con el nombre de judaísmo mesiánico.
La congregación en Florida está integrada por judíos ortodoxos que aceptaron a Jesús, israelíes, afroestadounidenses e hispanoamericanos, desencantados de la Iglesia Católica, exevangélicos y personas que están descubriendo sus raíces judaicas, que se remontan al descubrimiento de América.
"En América Latina hay un interés tremendo, porque mucha gente está descubriendo sus raíces judías", comenta, mostrando un libro con los apellidos españoles de origen sefardí, los judíos que fueron expulsados por los Reyes Católicos antes del primer viaje de Cristóbal Colón.
"Hay muchos libros sobre la historia de América Latina y un montón de judíos se mudaron al nuevo continente, al principio a Brasil y al norte de México y el Mar Caribe".
La Pascua
Los judíos mesiánicos no celebran la Cuaresma ni la Semana Santa, pero sí la Pascua. "Celebramos la resurrección de Cristo, porque ocurrió durante la Pascua", afirma Koelner.
"La celebramos de una manera tradicional. Hay un libro con la historia del éxodo y, como en los primeros libros del Nuevo Pacto -Mateo, Marcos, Lucas y Juan- al final hay algunos capítulos sobre la Pascua que celebró Y'shua, cuando dijo 'durante la Pascua me recordarán a mí'".
Sin embargo, no comulgan: "No creemos en la transubstanciación como los católicos, es sólo un símbolo. El pan matzo -tradicional en la comida judía- es un símbolo del cuerpo de Y'shua, que se puede romper".
"Solamente tomamos la 'comunión' dos veces al año, durante la Pascua, la primera y la segunda noche", concluye el rabino.
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